Los capiteles del coro,
un mundo esculpido por descubrir
Rostros expresivos, músicos, animales y criaturas fantásticas se esconden entre el follaje de piedra. En lo alto de los pilares, los capiteles invitan a contemplar la catedral con otros ojos.
Entre los pilares y las bóvedas, la piedra cobra vida
Al entrar en la catedral de Beauvais, la mirada se dirige de forma natural hacia la altura de las bóvedas. Sin embargo, un poco más abajo, en el arranque de las grandes arcadas del coro, se despliega una rica decoración que podría pasar fácilmente desapercibida.
Un capitel es la parte ensanchada que corona un pilar o una columna y sirve de transición hacia el arco que sostiene. En Beauvais, estos elementos arquitectónicos acogen follaje, pero también figuras humanas y animales, algunas de ellas sorprendentes.
Sus siluetas, gestos y expresiones invitan a observar con atención. Algunos detalles se reconocen de inmediato; otros conservan una parte de misterio.
Esculturas que dan testimonio de la historia del monumento
No todos los capiteles presentan las mismas formas ni la misma decoración. Estas diferencias reflejan las distintas etapas de construcción y las transformaciones de la catedral.
La mayoría de los pilares de las grandes arcadas del coro datan del siglo XIII. Tras el derrumbe parcial de las bóvedas en 1284, se añadieron tres pilares a cada lado del tramo recto del coro para reforzar el edificio.
En el siglo XVI, el derrumbe de la torre del crucero en 1573 provocó la caída de los dos primeros pilares del lado norte del coro. Su reconstrucción introdujo un estilo diferente.
De un pilar a otro, observar las formas y las esculturas permite también leer la agitada historia de la catedral.
Cabezas que intrigan y plantean preguntas
Varios capiteles del siglo XIII están rematados por cabezas esculpidas a modo de ménsulas, en el arranque de las arcadas. En el tramo recto del coro, las figuras humanas muestran expresiones marcadas, a veces caricaturescas.
¿Podrían aludir a la gula, la pereza o la ira? Estas interpretaciones siguen siendo hipótesis: el significado preciso de las figuras no siempre está claro.
En la parte curva del coro, las cabezas adoptan formas animales. Una recuerda a un oso sonriente; otra, a un cerdo de hocico chato. En otros puntos aparecen cuernos, grandes orejas o dientes en una boca entreabierta.
Incluso cuando resulta difícil identificar al animal, la expresión de la escultura atrae la mirada. Estas figuras aportan una presencia singular a la arquitectura.
Personajes e historias por descifrar
Los capiteles llamados «historiados» representan personajes o escenas. En los del siglo XIII, las figuras ocupan la cara orientada hacia el presbiterio. Músicos, escenas enigmáticas y personajes fantásticos invitan a mirar más de cerca.

Los músicos
Un músico que toca el tamboril se sitúa frente a un intérprete de viola de arco. Las cuatro clavijas esculpidas en el mástil del instrumento sugieren una viola de cuatro cuerdas. Estas figuras se pintaron en el siglo XIII y se volvieron a pintar en el siglo XIV.

El mendigo y el rico
Un mendigo con un cuenco para limosnas, acompañado de un perro, se sitúa frente a un hombre rico y saciado que se lleva dos dedos a la boca. La escena podría evocar el relato bíblico del rico y el pobre Lázaro.

La madre, el niño y el monstruo
Una mujer intenta arrebatar a su hijo a una criatura con cabeza de mastín y cola de reptil. El monstruo sujeta el brazo del niño entre sus fauces. La madre apoya el pie en la columna para tirar con más fuerza: un detalle que transmite toda la tensión de la escena.

Un misterioso personaje sin rostro
Frente a un ángel con las manos juntas se encuentra un personaje encapuchado y sin rostro. La superficie lisa de la piedra sugiere que quizá ese rostro nunca llegó a esculpirse. ¿Podría tratarse de un fantasma? La figura conserva todo su misterio.
Un jardín de piedra en lo alto de los pilares
El follaje constituye el hilo conductor de la decoración de los capiteles. Palmetas sencillas o recortadas conviven con hojas que recuerdan a la hiedra, el roble, el arce, el espino, el boj o el geranio.
Algunas plantas se reconocen fácilmente; otras están estilizadas y se funden con las curvas de la escultura. La mirada pasa así de una forma familiar a un motivo de composición más libre.
En el simbolismo medieval, el pilar puede evocar el tronco de un árbol, mientras que el capitel despliega su follaje. Esta decoración acompaña el paso del espacio terrenal al espacio celestial de las altas bóvedas.
En la girola, los capiteles también presentan decoraciones vegetales de formas sencillas. En algunos lugares aún pueden verse restos de pintura.
Guerreros, dragones y criaturas fantásticas
Entre las capillas de Sainte-Angadrême y Saint-Léonard, un pilar reconstruido en el siglo XVI presenta un capitel poblado de criaturas fantásticas.
Un guerrero blande una cimitarra frente a un dragón. Otro se encuentra en apuros: tiene la pierna atrapada entre las fauces de una criatura mientras sostiene una maza.
A su lado aparecen seres híbridos: un animal con cabeza humana y astas, una criatura alada con cuerpo de león y un dragón de alas doradas. Algunas figuras conservan decoración pintada.
Este bestiario ofrece otra faceta de la escultura de la catedral, en la que la imaginación se entrelaza con las formas de la arquitectura.
Tómese el tiempo de levantar la mirada
En su próxima visita a la catedral de Saint-Pierre de Beauvais, deténgase a contemplar los capiteles del coro y de la girola. Una expresión, un instrumento musical, una hoja o una silueta inesperada: cada detalle abre una nueva vía de descubrimiento.
De pilar en pilar, déjese sorprender por este mundo esculpido que acompaña desde hace siglos la historia del monumento.